Para
hallar el equilibrio que buscas debes tener los pies tan firmemente plantados
en la tierra que parezca que tienes cuatro piernas en lugar de dos. De este
modo podrás estar en el mundo. Pero debes dejar de mirar el mundo con la mente.
Tienes que mirarlo con el corazón. Así llegarás a conocer a Dios.
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